14 de diciembre de 2010

El fin de este año.


En estos diez días de ausencia de mi blog, de turbulencia navideña y de Nobel a bordo, he tenido un huracán de emociones y pensamientos dándome vueltas y levantándome en peso del piso y en ese mismo segundo trayéndome de vuelta en un aterrizaje forzoso hasta el sótano de la tierra.
Muchos acontecimientos. Un año más que se acaba, y que a pesar de lo aleccionador que ha sido en tantos aspectos, ya quiero que se vaya.  Muchas ideas que me han dado vueltas alrededor y desde adentro, y esta necesidad de escribir , sin lograrlo a veces, sin forzarlo pero sin parar de buscar como plasmar toda esa marea-tsunami-huracán que llevo dentro y que ahora se pone peor por lo que significan para mi estas fechas.
Este es el cuarto intento.
Creo que lo haré por partes, por micro-capítulos.

Introducción:
Me doy cuenta que a pesar de querer innovar los temas, mis temas, los que me interesan sólo son los que me interesan y no puedo escapar de ellos salvo escribiendo y  esperando  que  con la escritura los pueda re-inventar.

Anécdota de la semana:
Viernes, diciembre, fiesta infantil. La navidad es de los niños.
Mamás rodeando a un grupo grande de niños y niñas de cinco años, sentados alrededor de Papá Noel. Una niña se acerca a su mamá para pedirle permiso de invitar a una amiguita a su casa. Todo va bien hasta ese momento.
Una de las mamás presentes,  delante de las dos niñas, la que invita y la que va a ser invitada, decide hacer el siguiente comentario sobre la  niña que va a ser invitada :
"Ay, esta niña parece... mejor no lo digo porque creo que soy muy mierda, mejor me callo".
El tono del comentario: hostil, ignorante y agresivo hacia una niña de cinco años.
La necesidad de hacer ese comentario: Quizás parta de la ausencia de seguridad sobre el propio status social de la mamá que emite el comentario o de la ignorancia supina. En cualquiera de los dos casos el punto  es que  dicha persona necesita recalcar su superioridad, que en términos reales significa su antónimo,  incluso sobre una niña de cinco años. Pobre. No se da cuenta  que con ello sólo pone en evidencia su absoluta ausencia de respeto por el otro y su carencia de humanidad.
 La explicación: El boom económico ha sido tan fuerte que le impidió escuchar el slogan que dice que hay cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás está la seda y recuerdo que hay quienes así se vistan de seda...

Los Temas a tratar:

1. Navidad, familia, pavo, cenas navideñas, un año nuevo que llega y otro viejo y agotador que se va.
Tema difícil. Aun no lo termino de digerir. Muchas expectativas, miedos, incertidumbres. Tendré que seguir elaborándolas y volveré sobre ellas si es que la energía  me lo permite como para poder escribir sobre  esto.
2.  Dicen que el verano ya está acá y los días están cada día más grises. En Colombia la lluvia  cae enorme y sin cesar.  Dios había dicho que sólo habría un diluvio. Hay mucha gente que perdió todo, hasta el lugar geográfico donde vivían y ahora viven mojados y en las calles de otro pueblo, o de otras ciudades que no son las de ellos.  Esto nunca está bien, pero en Navidad, me hace pensar que es peor.
3.  No soy ni de aquí ni de allá. Soy de los dos sitios pero no termino de ser completamente de ninguno. De repente ya llegó el momento de nacionalizarme.
4. Mis hijos están creciendo. (Este descubrimiento es de mayor importancia que el de la Nasa y las bacterias  que pueden vivir en el arsénico)
Un primer atisbo de acné afloró en la cara de mi pequeño . Hoy me di cuenta.
Di el consabido discurso sobre el chocolate y las grasas. El papá, es decir mi esposo, ya sabe que la conversación sobre las abejas y las flores, está empezando a necesitar una continuación que involucre de forma más explícita a las hormonas y a sus efectos.
5. Mi trabajo. ¿Donde estás? ¿Donde estoy? ¿Ya estás acá?
6. Cumplo años en marzo.

Tal vez como bien me dijo mi amigo Coco Arias cuando me comentó sobre mi blog,  estoy evidenciando un middle age crisis. Que venga de una vez para que se vaya bien rápido o que no se vaya y me vuelva amiga de ella.
Ya lo dije, esperados 40.

3 de diciembre de 2010

LOS OTROS





El fin de semana tuve  la suerte de asistir a dos talleres sobre resolución de conflictos organizados por TAE (www.taeperu.org).
Todos los que participamos del taller,  y tras un día y medio intenso, llegamos a la conclusión que nuestra moneda cultural  (cultural currency)   es la incapacidad o carencia de interés que tenemos de pensar en los demás. Fue muy interesante ver que a pesar que todos los que participamos venimos de campos diferentes y backgrounds disimiles, todos sin excepción tuvimos la coincidencia de pensamiento frente a que el principal problema que enfrentamos es la exclusión del otro dentro de nuestros proyectos de vida, de  nuestro discurrir por la ciudad, de nuestra toma de decisiones y de los  intercambios de toda índole que  realizamos a diario.Se habló de racismo, clasismo, discriminación  de género, y de cómo esto nos impide avanzar como sociedad. Esto lo vemos a diario, en las noticias, en nuestra forma de vivir,  en las calles cuando la gente maneja, cuando en las conversaciones nos referimos a tal o cual persona de manera despectiva por su apariencia u origen, por su exceso o defecto de activos, pero nunca lo hablamos.
Socialmente hemos avalado inconcientemente  o concientemente, la creencia de que sólo nosotros y quienes nosotros arbitrariamente, y fundamentados bajo casi que esotéricos principios consideramos nuestros pares, somos los que tenemos derechos y privilegios;  y por ende todos los demás casi que clasifican bajo el parámetro de ciudadanos de segunda, tercera y hasta cuarta categoría.
En el terremoto del 2007 recuerdo claramente como lúcidamente alguien resaltaba que las muestras de solidaridad que se veían por todas partes en Lima,  eran porque precisamente en  Lima lo habíamos sentido. Igual que Tarata en los noventas.
Ningún ámbito parece mantenerse al margen. Recuerdo con nostalgia el año en el que llegué a vivir a Lima. En las noticias y en la calle la gente no se cansaba  de hablar con horror  del Loco Perochena y su banda de indecentes asaltantes de casas. Ellos robaban sin agredir. Luego vinieron los años del horror de los que aun parece que no hemos logrado librarnos.
En uno de los talleres, Giselle Huamani Orbe,  nos explicaba que los conflictos se generan desde la escasez o desde la carencia y que un conflicto no cesa, no concluye sino hasta que no se da dentro de su propio proceso una real reconciliación.  Sin esto, puede existir  una etapa de des - escalamiento del mismo, pero sin reconciliación, el conflicto estará latente con el riesgo que resurja siempre.
Pienso inmediatamente como la semana pasada el "honorable" padre del Zorro,  censuró un video que iba acompañando a la chalina de la esperanza del Colectivo Desvela,  quizás porque a él le tocaba fibras muy profundas o porque justamente existe una escasez de capacidad de validar la existencia de realidades por encima de las que él quiere que existan. Lo bueno es que no todo es tan malo, a pesar de la censura  la gente compartió el video en Facebook.
Todavía hay muchos que siguen negando a los otros,  excluyendo, discriminando, violentando sin querer y queriendo; a pesar de ellos,  también  felizmente existen personas  quienes se preocupan por hacer chalinas  en memoria de quienes fueron víctimas de la violencia,  V Days , Gay parades,   y otros que dictan talleres y quienes como yo asistimos.
Lo increíble es que esto haya que hacerlo, que nos tengamos que detener a crear eventos y que esto no se dé de manera natural.
El conflicto se da en ambientes donde hay escasez o carencia. No puedo dejar de pensar en esto. De qué careceremos, me pregunto.
El mundo que les estamos legando a los niños es uno donde la hostilidad va a ser  la moneda con la cual ellos deberán aprender a intercambiar sus relaciones. A nadie le gusta sentirse discriminado, a nadie le gusta sentirse ignorado y sin embargo ignoramos y discriminamos permanentemente. Una convivencia pacífica va a seguir siendo una utopía siempre que no percibamos a los otros, amén de las diferencias que tengamos,  como miembros de la misma especie o de la misma familia. En otras palabras tan personas como lo somos nosotros.

24 de noviembre de 2010

SOBRE VIVIR

Desde hace días  que quiero sentarme a escribir pero no lo lograba. Había algo que me lo impedía. Me he dado cuenta que es un poco de pánico escénico,  y una mezcla entre pensar que de repente no voy a poder decir nada valioso o simple angustia por saber que no sólo estoy escribiendo para mi.

Ayer veía en la noche a mi hijo entrar en pánico por un examen, no porque no hubiera estudiado sino por el miedo a no hacerlo bien. Hace varios días, sucedía lo mismo con  el día del deporte y el consabido  pánico a si le iba a ir bien o a ir mal. A las dos situaciones le respondí lo mismo, ten confianza en ti y en lo que sabes y da lo mejor que puedes. No sólo se trata de ganar sino de divertirse. Espero de corazón que esos dos consejos le sirvan a él y que mis palabras le den la seguridad que necesita.

Creo que no soy la única por ahí,  que todos los días me enfrento a estos pequeños retos que significan vivir.  Da miedo no ser lo suficientemente bueno en algo, da miedo enfrentarnos al hecho que queramos hacer algo y de repente nos demos con la cruda verdad en la cara de saber que no fuimos lo suficientemente hábiles ni talentosos para desempeñarnos a la altura de nuestras propias expectativas.

En el colegio nunca fui  una gran deportista y varias de mis amigas son testigos de excepción al respecto. Igual, en las competencias interhouses de natación del colegio,  yo era el comodín para las carreras de estilo mariposa,  no por mi habilidad sino sólo para que no nos ganaran por walkover y así evitar que descalificaran al house. Esto a pesar de la vergüenza que me implicaba llegar invariablemente de última en la competencia.
Creo que a la Miss Sarita mi vergüenza y mi pánico poco le interesaban, con tal de darle al house una oportunidad de llevarse la copa.

Pero en otro caso, ¿cómo manejar esta misma situación cuando no nos da miedo, y de repente nos encontramos con la cruda realidad de nuestras propias limitaciones?
¿Qué  hubiera pasado si yo hubiera amado nadar mariposa por encima de todo,  a pesar de no saberlo hacer y de no tener mucha habilidad para hacerlo? ¿Podría contarlo acá con tanta tranquilidad?
El otro día escuchaba una historia de alguien cuyo hijo quería jugar rugby con todo su corazón.
El papá al ponerse a practicar con él se dio cuenta que el niño carecía completamente de habilidad para este deporte. ¿Qué hacer en ese caso? ¿ Lo desmotivamos a jugar, o en el caso contrario lo apoyamos a pesar de exponerlo al fracaso y a la burla de todos sus amigos?
Al escuchar la historia, quienes estábamos presentes llegamos a la conclusión que es una situación muy difícil y creo que ninguno supo dar ni darse una respuesta tranquilizadora si un caso similar surgiera con uno de nuestros hijos.

Coincidentemente ayer me topé con un maravilloso artículo donde encontré una respuesta  exactamente a eso.  El autor, Tony Schwartz,  plantea que cualquiera, y con esto quiere decir TODOS, podemos ser excelentes en cualquier campo sólo empujándonos permanentemente por encima de nuestra zona de confort, para que podamos llegar a alcanzar los resultados que esperamos.*
Por supuesto el artículo me encantó y me dio pie a apoyar mi modesta opinión : si uno de nuestros hijos no es lo suficientemente bueno en algo pero lo desea hacer con todo su corazón,  hay que evitar caer en la trampa de transmitirle nuestro propio pánico escénico o nuestras ansiedades y miedos de infancia, adolescencia y adultez. Es mejor ayudarlo a que descubra que para hacer  bien lo que realmente le gusta, la única manera es con mucho esfuerzo.

Hoy me doy cuenta que llevo  aplazando sin pensarlo eventos simples como ir a la comisaría a poner una denuncia, únicamente porque me produce una ansiedad horrible.  Este hecho no requiere talento, solo que al generarme ansiedad prefiero no enfrentarlo. Mi excesivo auto-exigente ego, no resiste la ansiedad y prefiere esconderse a enfrentar. Reminiscencias del olor a cloro.
Así es que hoy decidí seguir a mi instinto y no a mi ego, y escribir a sabiendas que algunos de ustedes me van a leer y quien sabe si de repente termino de escribir y me voy corriendo a la comisaría.

* HARVARD BUSINESS REVIEW:
http://blogs.hbr.org/schwartz/2010/08/six-keys-to-being-excellent-at.html

18 de noviembre de 2010

Lo inexplicable.

Un chico que después de escucharme hablar inglés, me dice que no tengo pinta de hablar inglés.
Una persona , que después de mantener una deuda de un año conmigo y mis demás vecinos de edificio, y tras cobrarle, me la vuelvo a encontrar y escasamente me saluda.
Varias mamás que constantemente dejan a sus hijos en manos de mamás sustitutas y pagadas, no para trabajar, sino para irse de viaje, a la peluquería, a comer , a bailar y pretenden que sus hijos sean excelentes alumnos, y no tengan rollos además.
La gente que no hace sino quejarse todo el día de dinero , pero que tiene una fortuna guardada en una cuenta.
Las personas que me llaman amiga y a mis espaldas hablan pestes de mi.
Quienes en las redes sociales me llaman amiga y al encontrarse conmigo en la calle, casi ni me saludan, y esto lo juro , me ha pasado varias veces con personas distintas.
Querer ser más flaca y no hacer dieta ni ejercicio (mea culpa).
Tanta pobreza y que la economía esté tan bien.
Escuchar una conversación donde un señor le explica al otro que su pelo es negro, pero  que sus hermanas todas son rubias y de ojos claros.
Las que se tiñen el pelo de rubio para que no las confundan  con ellas mismas.
Tratar de explicarles a mis hijos todo lo anterior y paralelamente explicarles la importancia de ser consecuentes y justos en la vida.

16 de noviembre de 2010

De argollas y otros demonios.

Hoy mi hija, Julieta , de 5 años tuvo un incidente con cuatro amigas. Eran cinco en total. Comenzaron jugando y en un momento dado del juego, decidieron jugar a las parejas.
La víctima, la dejada de lado, no fue Julieta.
Le expliqué a Julieta y a las otras niñas que ese juego de dejar de lado, no se hace y que a ninguna le gustaría que le hicieran lo mismo.
Al rato del incidente, a Julieta le tocó el turno de ser excluída y esta vez no con un juego de parejas  Una de las niñas invitó a todas a su casa, pero le dijo explícitamente a Julieta que ella no. La que invitaba no era la misma  que se había quedado sola en el juego de parejas.
Yo me enfrenté a una situación emocionalmente comprometedora: Era la única adulta presente, era la responsable de las cinco niñas que además estaban en mi casa y era la mamá de la víctima. A pesar de estar indignada de verdad pues  menos de diez minutos atrás les había dicho a todas que eso no se hacía y a pesar que mi parte más pueril en ese momento sólo quería decirles lo inhumanas , crueles y hasta malas que estaban siendo y que estaban partiéndole el corazón a mi bebé, no lo hice.
Mantuve  mi adultez a flote y lo que hice fue abrazar a mi hija explicarle que sus amigas estaban equivocadas y en voz alta  hacerles saber  nuevamente a las demás niñas que eso no se hacía.
Protegí a Julieta, pero sin hacerla sentir víctima. Eso creo.
Fue una típica situación infantil. No hubo maldad sólo un juego de confabulación. Niñas probando sus límites , ver hasta donde se puede llegar con el otro.  En unas se adivinaba juego, en otras se adivinaban sentimientos de exaltación o demostración de poder de ellas sobre las demás.
En los niños me imagino que esto  responde al proceso inevitable de aprendizaje, de prueba y error.
Cualquiera que haya ido al colegio lo ha sentido, lo ha experimentado y lo sabe.
Lo triste es saber que  en la adultez somos testigos permanentemente  de exclusiones más dolorosas y flagrantes que esa, y me pregunto en qué parte del crecimiento se quedaron quienes las practican.

14 de noviembre de 2010

SEGUIR CRECIENDO.

Es un día especial y triste.
No voy a dar mayores detalles, pero alguien a quien quiero mucho tiene una tristeza en su corazón que comparto de manera absoluta. No hay nada que yo pueda hacer para quitarle su tristeza, nada. Lo único que puedo hacer es estar. Punto final.
Amar también  es respetar la necesidad de los otros a querer estar solos. A que les duela sin que otros salvo los que ellos quieran, los vean.
Este proceso, que a mi me duele infinitamente también, me ha permitido crecer en mi capacidad de amar.
Saber respetar los espacios, no presionar y simplemente a mi manera, hacerle saber a mis seres amados que acá estoy y cerca y voy a estar siempre.
Poner por encima su dolor y su necesidad, sobre mi necesidad de acompañar.
No es fácil, y el camino de aprendizaje me ha costado y me ha cuestionado muchas cosas, pero creo que al final mi balance me da más que positivo.
Me ha demostrado que la amistad, cuando es sincera,  es una forma de amor tan intensa como cualquier otra de sus formas,  y que además de hacernos muy felices, nos permite crecer, conocer nuestros límites y nos da la oportunidad de superar nuestras miserias en pro del otro.
Somos mejores versiones de nosotros mismos cuando nos lo permitimos. Y eso es un premio que sólo el amor real nos permite.
Pienso en tantos seres que no son capaces de sacrificar nada en pro del otro y pienso que quizás por eso fundamentan su felicidad en cosas, en números y en cómo se sienten al mirarse en un espejo.
Mi felicidad, y lo ratifico cada día más, viene de saber que en este camino  que vengo andando desde que soy persona, he sembrado éxitos más importantes, que tienen sentimientos y a quienes no me cansaré nunca de entregarles lo mejor de mi.
Así ese mejor sea mi ausencia, porque ellos así lo necesitan.

11 de noviembre de 2010

Duele y hacemos doler.

Ayer tuve una charla que era importante. Era la primera vez que tenía que enfrentarme a un grupo para hablarles  en inglés. No era un grupo fácil, era un desafío muy importante para mi. Un grupo de 30 chicos de 15 y 14 años,  de los que varios ya se han inciado en el consumo de alcohol y cuyos papás  seguramente no consideran ni conocen los riesgos que esto significa según los últimos estudios de la Dra. Tapper ni de The Lancet.
Llegué nerviosa y al principio mis nervios sabotearon mi normalmente fluído inglés. No encontraba las palabras adecuadas, y a pesar de ser muy meticulosa y haber leído del tema y estudiado la presentación, me costó mucho trabajo poder capturar su atención. Al final, pude revertir la situación, controlé mis nervios y me subí al caballo de por qué me gusta mi trabajo con los chicos tanto. Creo firmemente  que dándoles la información por lo menos ellos tomarán decisiones más concientes que las que nosotros tomamos y finalmente tal vez con esto salvaremos una vida al menos o quizás los ayudemos a ser más felices.

Lo que me pasó ayer sin embargo y tras haber leído varios posts de Peter Bregman en el Harvard Business review, (http://blogs.hbr.org/bregman), me hizo darme cuenta que existen temas familiares que nos afectan más allá de lo que queremos y que realmente llegan a impactar  en aspectos de nuestra vida que no imaginamos, y lo que es peor,  que no deseamos.

El día anterior a mi charla tuve un episodio con mi papá. Tengo con él una relación que  se fundamenta en un inmenso amor mutuo, pero que dadas muchas circunstancias que no voy a comentar nuestra relación no es muy cercana.
Nos amamos pero no somos los mejores amigos, o tal vez no somos todo lo amigos que yo quisiera.

El punto es que la charla de ayer era un desafío para mi, necesitaba estar serena, llegar llena de seguridad y confianza y este impase, me quitó el piso. No voy a culpar a mi papá. El no sabía. Pero el hecho es que una situación tensa en la que inconcientemente los cimientos emocionales se exponen, repercute. Su onda expansiva llega a aspectos de la vida que no deseamos.
Yo soy adulta, tengo 39 años. Mis hijos, como ya comenté tienen 10 y 5.
Cuantas veces como papás nos encargamos de generar una situación o manejar mal una situación que atenta en la seguridad de nuestros hijos que no tienen esa capacidad aun , de poder reflexionar y subirse a un caballo que los lleve lejos de los malestares que les causamos.
Cuantas veces ha habido que por apuro y estrés, los niños reciben respuestas inadecuadas por parte de sus papás.
No lo hacemos con mala intención. Mi papá no me quiere dañar y yo nunca quiero dañar a mis hijos.
Pero ha habido veces que contesto usando palabras que no son amables, que quizás podría pensar mejor para que mis hijos se sientan cobijados con la seguridad de mi afecto y no cuestionados por él.
Esto trasciende a los hijos y llega a todas nuestras relaciones.
Y tan en boga ahora, me pegunto si  a la larga todos no hacemos un poco de bullying.

10 de noviembre de 2010

lo bueno y lo malo

Ayer mi hijo mayor Santiago,  gastó 50% más de un billete del que debía traer vuelto, para comprar unos libros  -muy buenos y lindos- en la feria del libro de su colegio.
Podríamos decir y justificar su falta diciendo que el móvil  fue positivo: el claro interés en unos libros que según sus propias palabras"no iba a conseguir en ninguna parte por menos de el doble de lo que pagué".
Toda esta situación que decantó en un castigo sin propina por 11 días, mientras nos repone el monto de más gastado, me puso frente a la situación  de hacer reflexionar a Santiago realmente sobre la  fina pero importante linea entre hacer  algo bien y hacer algo  mal. En este caso, violentar los derechos ajenos en pro de la satisfacción personal.

Lo más interesante de toda la situación, además de ver a Santiago darse cuenta que lo ajeno es ajeno y que ningún buen móvil justifica una mala acción, fue permitirme a mi reflexionar sobre algo que todos sabemos pero nunca pensamos.
Somos la sumatoria de nuestras acciones y omisiones. Yo quiero ser  alguien, pero soy lo que hago y dejo de hacer. Si yo no sumo o resto en mis quéhaceres y no planifico mis acciones o inacciones hacia un fin, me quedo en el status de ser lo que en inglés se llama un "wannabe" que traducido al español sería algo como "quiere ser pero no es".

Hoy en una charla con chicos de 15 años, les trataba de explicar cómo somos dueños de nuestras vidas, y cómo sólo nosotros decidimos qué destino tenemos. Obvio que hay situaciones que no controlamos, que hay factores de suerte o mala suerte que intervienen en nuestra vida. Pero el asunto está en que realmente no hacemos muchas veces lo que debemos hacer, no apuntamos nuestra fuerza y nuestras acciones al lugar al que queremos llegar, sino que perdemos el tiempo lamentándonos  por qué no estamos en la parte de arriba de la escalera, cuando no hacemos nada para subir el primer escalón. O en todo caso, en su contraparte negativa, nos quejamos de lo mismo y no hacemos sino cavar un hueco debajo de nuestros pies.
Saber qué queremos, incluso en la adultez , es muchas veces muy difícil. Creo que es más facil partir por el descarte para algunos, pero también es menos efectivo. Para planificar y establecer metas, es importante tener claro a dónde queremos llegar. Es un pequeño pero significativo paso para saber delimitar nuestro marco de acción e inacción.
Con Santiago ayer hablamos de qué tipo de persona quiere ser él, cómo quiere ser percibido, y hablamos de sus sueños,  y de lo que él me dice que él quiere ser siempre. Conversamos sobre como con un acto tan insignificante como significativo, sus sueños se pueden alejar y hacerse imposibles de materializar y  él estuvo de acuerdo y adquirió conciencia sobre su error, su transgresión y entendió el perjuicio que una acción así genera en él y en la confianza que nosotros tenemos en él.
Espero  de todo corazón que él  reflexione e incorpore este concepto a su vida. No soy tan cándida de pensar  que el incidente de ayer lo va inmunizar de cometer errores. Eso no.
 Al hablar con él, reflexioné y me di cuenta que en muchas de nuestras acciones y omisiones  somos responsables de quienes somos como nos sentimos y como nos ven los demás. Con todo lo que esto significa.   Lamentablemente  muchas personas que nos rodean no lo toman en cuenta  y viven su días lamentándose por lo que no son o por cómo son.

9 de noviembre de 2010

EL LINK

EL LINK PARA QUE LEAN.

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Ser mamá no es un tarea fácil y eso no es nuevo para nadie. Ninguna verdad revelada.
Pero ser una mamá que tiene ganas de crecer profesionalmente, de tener una vida personal y a la vez ser una buena mamá es más difícil aun:
Hay que decidir, optar por qué es mejor, qué funciona en la lista de prioridades personales para uno y para sus hijos.
Un día de mi vida yo opté, y opté por mis hijos. Debo decir que en parte y gracias a que tuve la suerte de tener el apoyo invalorable de mi pareja, quien pensó también que para la familia era mejor que yo estuviera cerca a los niños y no en una oficina, así con esto nuestra economía se encogiera.
No soy graduada en psicología ni en educación. Soy Comunicadora de profesión, estudié un post grado y varias otras cosas más. He trabajado durante varios años. Pero esa preparación y experiencia en el mundo profesional, no me preparó ni me exime de cometer varios errores al día en el arduo camino de querer siempre lo mejor para mis hijos. Por eso quizás también, me angustio a veces mas de la cuenta y gasto mucho tiempo tratando de medir las amenazas e infructuosamente así evitar los sufrimientos que mis hijos deban enfrentar en este viaje que se llama vida.
En pocas palabras, soy una mamá.
Pero al serlo y en mi búsqueda de un espacio donde mis hijos se puedan desarrollar adecuadamente, encuentro que hay demasiada información. Información online y offline. Está lo que dicen los pediatras, lo que dicen los psicólogos, lo que dicen los profesores, lo que dicen los orgánicos, lo que dicen los vegetarianos, y en realidad es difícil encontrar un balance y una fuente creíble y que funcione a la medida de la vida de cada uno de mis dos hijos.
Hay demasiados argumentos circulando, donde hay quienes piensan y ojo no yo, que los médicos buscan beneficiar a los laboratorios antes que a sus pacientes, que los psicólogos evitan encontrar las causas de los problemas para poder cobrar mas tiempo en las terapias , que comer comida orgánica no implica una mejor salud, que la leche y la carne dañan más que nutrir, que ver televisión hace daño, que si no ven televisión serán unos drop outs, que si hacen mucho deporte serán vigoréxicos, que si no hacen deporte serán obesos y un larguísimo etc.
Por lo que la pregunta final es ¿A quien creerle?
Cómo criar, ayudar a crecer, bring up, a alguien y enseñarle a vivir o sobrevivir lo más feliz posible en este loco mundo.
Y en esa pregunta es que surge mi necesidad de estar cerca a mis hijos y de escribir este blog.
No tengo las respuestas a todo, a pocas cosas en realidad y cada día dudo mas de mis respuestas porque en esta carretera de sobre información, a cada minuto sale algo que revalúa todo lo dicho anteriormente sobre cualquier tema en particular.
Mi intuición, que no es una autoridad científica, me dice que en esa decisión que tomé un día de julio, el estar cerca a mis hijos; abrí una gran ventana que por lo menos me permite equivocarme junto a ellos, y ellos en mi error creo que han podido aprender más de mi y de la vida, que si otra persona fuera quien se equivocara frente a ellos o con ellos, o si simplemente cual invidentes de la vida fueran adentrándose en ella sin un lazarillo torpe como soy a veces, que los guiara y recibiera el golpe por ellos.
Creo que ese es mi statement.
Con esto no critico a quienes se quedaron en la oficina, y a quienes desde sus obligaciones de ser madres que trabajan cumplen incluso mejor que yo su labor.
Lo que busco es simplemente abrir un espacio para que quienes acá entren a leer lo que escribo, me ayuden a encontrar información y a discutir ideas de cómo hacer mejor el trabajo de ser padres en este mundo tan cambiante.

Con esto comparto un post que me parece que va de la mano con lo que acabo de decir, ayudar a los hijos a encontrar su felicidad y a apoyarlos sin restricciones cuando la encuentren.