10 de noviembre de 2010

lo bueno y lo malo

Ayer mi hijo mayor Santiago,  gastó 50% más de un billete del que debía traer vuelto, para comprar unos libros  -muy buenos y lindos- en la feria del libro de su colegio.
Podríamos decir y justificar su falta diciendo que el móvil  fue positivo: el claro interés en unos libros que según sus propias palabras"no iba a conseguir en ninguna parte por menos de el doble de lo que pagué".
Toda esta situación que decantó en un castigo sin propina por 11 días, mientras nos repone el monto de más gastado, me puso frente a la situación  de hacer reflexionar a Santiago realmente sobre la  fina pero importante linea entre hacer  algo bien y hacer algo  mal. En este caso, violentar los derechos ajenos en pro de la satisfacción personal.

Lo más interesante de toda la situación, además de ver a Santiago darse cuenta que lo ajeno es ajeno y que ningún buen móvil justifica una mala acción, fue permitirme a mi reflexionar sobre algo que todos sabemos pero nunca pensamos.
Somos la sumatoria de nuestras acciones y omisiones. Yo quiero ser  alguien, pero soy lo que hago y dejo de hacer. Si yo no sumo o resto en mis quéhaceres y no planifico mis acciones o inacciones hacia un fin, me quedo en el status de ser lo que en inglés se llama un "wannabe" que traducido al español sería algo como "quiere ser pero no es".

Hoy en una charla con chicos de 15 años, les trataba de explicar cómo somos dueños de nuestras vidas, y cómo sólo nosotros decidimos qué destino tenemos. Obvio que hay situaciones que no controlamos, que hay factores de suerte o mala suerte que intervienen en nuestra vida. Pero el asunto está en que realmente no hacemos muchas veces lo que debemos hacer, no apuntamos nuestra fuerza y nuestras acciones al lugar al que queremos llegar, sino que perdemos el tiempo lamentándonos  por qué no estamos en la parte de arriba de la escalera, cuando no hacemos nada para subir el primer escalón. O en todo caso, en su contraparte negativa, nos quejamos de lo mismo y no hacemos sino cavar un hueco debajo de nuestros pies.
Saber qué queremos, incluso en la adultez , es muchas veces muy difícil. Creo que es más facil partir por el descarte para algunos, pero también es menos efectivo. Para planificar y establecer metas, es importante tener claro a dónde queremos llegar. Es un pequeño pero significativo paso para saber delimitar nuestro marco de acción e inacción.
Con Santiago ayer hablamos de qué tipo de persona quiere ser él, cómo quiere ser percibido, y hablamos de sus sueños,  y de lo que él me dice que él quiere ser siempre. Conversamos sobre como con un acto tan insignificante como significativo, sus sueños se pueden alejar y hacerse imposibles de materializar y  él estuvo de acuerdo y adquirió conciencia sobre su error, su transgresión y entendió el perjuicio que una acción así genera en él y en la confianza que nosotros tenemos en él.
Espero  de todo corazón que él  reflexione e incorpore este concepto a su vida. No soy tan cándida de pensar  que el incidente de ayer lo va inmunizar de cometer errores. Eso no.
 Al hablar con él, reflexioné y me di cuenta que en muchas de nuestras acciones y omisiones  somos responsables de quienes somos como nos sentimos y como nos ven los demás. Con todo lo que esto significa.   Lamentablemente  muchas personas que nos rodean no lo toman en cuenta  y viven su días lamentándose por lo que no son o por cómo son.

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