3 de diciembre de 2010

LOS OTROS





El fin de semana tuve  la suerte de asistir a dos talleres sobre resolución de conflictos organizados por TAE (www.taeperu.org).
Todos los que participamos del taller,  y tras un día y medio intenso, llegamos a la conclusión que nuestra moneda cultural  (cultural currency)   es la incapacidad o carencia de interés que tenemos de pensar en los demás. Fue muy interesante ver que a pesar que todos los que participamos venimos de campos diferentes y backgrounds disimiles, todos sin excepción tuvimos la coincidencia de pensamiento frente a que el principal problema que enfrentamos es la exclusión del otro dentro de nuestros proyectos de vida, de  nuestro discurrir por la ciudad, de nuestra toma de decisiones y de los  intercambios de toda índole que  realizamos a diario.Se habló de racismo, clasismo, discriminación  de género, y de cómo esto nos impide avanzar como sociedad. Esto lo vemos a diario, en las noticias, en nuestra forma de vivir,  en las calles cuando la gente maneja, cuando en las conversaciones nos referimos a tal o cual persona de manera despectiva por su apariencia u origen, por su exceso o defecto de activos, pero nunca lo hablamos.
Socialmente hemos avalado inconcientemente  o concientemente, la creencia de que sólo nosotros y quienes nosotros arbitrariamente, y fundamentados bajo casi que esotéricos principios consideramos nuestros pares, somos los que tenemos derechos y privilegios;  y por ende todos los demás casi que clasifican bajo el parámetro de ciudadanos de segunda, tercera y hasta cuarta categoría.
En el terremoto del 2007 recuerdo claramente como lúcidamente alguien resaltaba que las muestras de solidaridad que se veían por todas partes en Lima,  eran porque precisamente en  Lima lo habíamos sentido. Igual que Tarata en los noventas.
Ningún ámbito parece mantenerse al margen. Recuerdo con nostalgia el año en el que llegué a vivir a Lima. En las noticias y en la calle la gente no se cansaba  de hablar con horror  del Loco Perochena y su banda de indecentes asaltantes de casas. Ellos robaban sin agredir. Luego vinieron los años del horror de los que aun parece que no hemos logrado librarnos.
En uno de los talleres, Giselle Huamani Orbe,  nos explicaba que los conflictos se generan desde la escasez o desde la carencia y que un conflicto no cesa, no concluye sino hasta que no se da dentro de su propio proceso una real reconciliación.  Sin esto, puede existir  una etapa de des - escalamiento del mismo, pero sin reconciliación, el conflicto estará latente con el riesgo que resurja siempre.
Pienso inmediatamente como la semana pasada el "honorable" padre del Zorro,  censuró un video que iba acompañando a la chalina de la esperanza del Colectivo Desvela,  quizás porque a él le tocaba fibras muy profundas o porque justamente existe una escasez de capacidad de validar la existencia de realidades por encima de las que él quiere que existan. Lo bueno es que no todo es tan malo, a pesar de la censura  la gente compartió el video en Facebook.
Todavía hay muchos que siguen negando a los otros,  excluyendo, discriminando, violentando sin querer y queriendo; a pesar de ellos,  también  felizmente existen personas  quienes se preocupan por hacer chalinas  en memoria de quienes fueron víctimas de la violencia,  V Days , Gay parades,   y otros que dictan talleres y quienes como yo asistimos.
Lo increíble es que esto haya que hacerlo, que nos tengamos que detener a crear eventos y que esto no se dé de manera natural.
El conflicto se da en ambientes donde hay escasez o carencia. No puedo dejar de pensar en esto. De qué careceremos, me pregunto.
El mundo que les estamos legando a los niños es uno donde la hostilidad va a ser  la moneda con la cual ellos deberán aprender a intercambiar sus relaciones. A nadie le gusta sentirse discriminado, a nadie le gusta sentirse ignorado y sin embargo ignoramos y discriminamos permanentemente. Una convivencia pacífica va a seguir siendo una utopía siempre que no percibamos a los otros, amén de las diferencias que tengamos,  como miembros de la misma especie o de la misma familia. En otras palabras tan personas como lo somos nosotros.

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