14 de diciembre de 2010

El fin de este año.


En estos diez días de ausencia de mi blog, de turbulencia navideña y de Nobel a bordo, he tenido un huracán de emociones y pensamientos dándome vueltas y levantándome en peso del piso y en ese mismo segundo trayéndome de vuelta en un aterrizaje forzoso hasta el sótano de la tierra.
Muchos acontecimientos. Un año más que se acaba, y que a pesar de lo aleccionador que ha sido en tantos aspectos, ya quiero que se vaya.  Muchas ideas que me han dado vueltas alrededor y desde adentro, y esta necesidad de escribir , sin lograrlo a veces, sin forzarlo pero sin parar de buscar como plasmar toda esa marea-tsunami-huracán que llevo dentro y que ahora se pone peor por lo que significan para mi estas fechas.
Este es el cuarto intento.
Creo que lo haré por partes, por micro-capítulos.

Introducción:
Me doy cuenta que a pesar de querer innovar los temas, mis temas, los que me interesan sólo son los que me interesan y no puedo escapar de ellos salvo escribiendo y  esperando  que  con la escritura los pueda re-inventar.

Anécdota de la semana:
Viernes, diciembre, fiesta infantil. La navidad es de los niños.
Mamás rodeando a un grupo grande de niños y niñas de cinco años, sentados alrededor de Papá Noel. Una niña se acerca a su mamá para pedirle permiso de invitar a una amiguita a su casa. Todo va bien hasta ese momento.
Una de las mamás presentes,  delante de las dos niñas, la que invita y la que va a ser invitada, decide hacer el siguiente comentario sobre la  niña que va a ser invitada :
"Ay, esta niña parece... mejor no lo digo porque creo que soy muy mierda, mejor me callo".
El tono del comentario: hostil, ignorante y agresivo hacia una niña de cinco años.
La necesidad de hacer ese comentario: Quizás parta de la ausencia de seguridad sobre el propio status social de la mamá que emite el comentario o de la ignorancia supina. En cualquiera de los dos casos el punto  es que  dicha persona necesita recalcar su superioridad, que en términos reales significa su antónimo,  incluso sobre una niña de cinco años. Pobre. No se da cuenta  que con ello sólo pone en evidencia su absoluta ausencia de respeto por el otro y su carencia de humanidad.
 La explicación: El boom económico ha sido tan fuerte que le impidió escuchar el slogan que dice que hay cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás está la seda y recuerdo que hay quienes así se vistan de seda...

Los Temas a tratar:

1. Navidad, familia, pavo, cenas navideñas, un año nuevo que llega y otro viejo y agotador que se va.
Tema difícil. Aun no lo termino de digerir. Muchas expectativas, miedos, incertidumbres. Tendré que seguir elaborándolas y volveré sobre ellas si es que la energía  me lo permite como para poder escribir sobre  esto.
2.  Dicen que el verano ya está acá y los días están cada día más grises. En Colombia la lluvia  cae enorme y sin cesar.  Dios había dicho que sólo habría un diluvio. Hay mucha gente que perdió todo, hasta el lugar geográfico donde vivían y ahora viven mojados y en las calles de otro pueblo, o de otras ciudades que no son las de ellos.  Esto nunca está bien, pero en Navidad, me hace pensar que es peor.
3.  No soy ni de aquí ni de allá. Soy de los dos sitios pero no termino de ser completamente de ninguno. De repente ya llegó el momento de nacionalizarme.
4. Mis hijos están creciendo. (Este descubrimiento es de mayor importancia que el de la Nasa y las bacterias  que pueden vivir en el arsénico)
Un primer atisbo de acné afloró en la cara de mi pequeño . Hoy me di cuenta.
Di el consabido discurso sobre el chocolate y las grasas. El papá, es decir mi esposo, ya sabe que la conversación sobre las abejas y las flores, está empezando a necesitar una continuación que involucre de forma más explícita a las hormonas y a sus efectos.
5. Mi trabajo. ¿Donde estás? ¿Donde estoy? ¿Ya estás acá?
6. Cumplo años en marzo.

Tal vez como bien me dijo mi amigo Coco Arias cuando me comentó sobre mi blog,  estoy evidenciando un middle age crisis. Que venga de una vez para que se vaya bien rápido o que no se vaya y me vuelva amiga de ella.
Ya lo dije, esperados 40.

3 de diciembre de 2010

LOS OTROS





El fin de semana tuve  la suerte de asistir a dos talleres sobre resolución de conflictos organizados por TAE (www.taeperu.org).
Todos los que participamos del taller,  y tras un día y medio intenso, llegamos a la conclusión que nuestra moneda cultural  (cultural currency)   es la incapacidad o carencia de interés que tenemos de pensar en los demás. Fue muy interesante ver que a pesar que todos los que participamos venimos de campos diferentes y backgrounds disimiles, todos sin excepción tuvimos la coincidencia de pensamiento frente a que el principal problema que enfrentamos es la exclusión del otro dentro de nuestros proyectos de vida, de  nuestro discurrir por la ciudad, de nuestra toma de decisiones y de los  intercambios de toda índole que  realizamos a diario.Se habló de racismo, clasismo, discriminación  de género, y de cómo esto nos impide avanzar como sociedad. Esto lo vemos a diario, en las noticias, en nuestra forma de vivir,  en las calles cuando la gente maneja, cuando en las conversaciones nos referimos a tal o cual persona de manera despectiva por su apariencia u origen, por su exceso o defecto de activos, pero nunca lo hablamos.
Socialmente hemos avalado inconcientemente  o concientemente, la creencia de que sólo nosotros y quienes nosotros arbitrariamente, y fundamentados bajo casi que esotéricos principios consideramos nuestros pares, somos los que tenemos derechos y privilegios;  y por ende todos los demás casi que clasifican bajo el parámetro de ciudadanos de segunda, tercera y hasta cuarta categoría.
En el terremoto del 2007 recuerdo claramente como lúcidamente alguien resaltaba que las muestras de solidaridad que se veían por todas partes en Lima,  eran porque precisamente en  Lima lo habíamos sentido. Igual que Tarata en los noventas.
Ningún ámbito parece mantenerse al margen. Recuerdo con nostalgia el año en el que llegué a vivir a Lima. En las noticias y en la calle la gente no se cansaba  de hablar con horror  del Loco Perochena y su banda de indecentes asaltantes de casas. Ellos robaban sin agredir. Luego vinieron los años del horror de los que aun parece que no hemos logrado librarnos.
En uno de los talleres, Giselle Huamani Orbe,  nos explicaba que los conflictos se generan desde la escasez o desde la carencia y que un conflicto no cesa, no concluye sino hasta que no se da dentro de su propio proceso una real reconciliación.  Sin esto, puede existir  una etapa de des - escalamiento del mismo, pero sin reconciliación, el conflicto estará latente con el riesgo que resurja siempre.
Pienso inmediatamente como la semana pasada el "honorable" padre del Zorro,  censuró un video que iba acompañando a la chalina de la esperanza del Colectivo Desvela,  quizás porque a él le tocaba fibras muy profundas o porque justamente existe una escasez de capacidad de validar la existencia de realidades por encima de las que él quiere que existan. Lo bueno es que no todo es tan malo, a pesar de la censura  la gente compartió el video en Facebook.
Todavía hay muchos que siguen negando a los otros,  excluyendo, discriminando, violentando sin querer y queriendo; a pesar de ellos,  también  felizmente existen personas  quienes se preocupan por hacer chalinas  en memoria de quienes fueron víctimas de la violencia,  V Days , Gay parades,   y otros que dictan talleres y quienes como yo asistimos.
Lo increíble es que esto haya que hacerlo, que nos tengamos que detener a crear eventos y que esto no se dé de manera natural.
El conflicto se da en ambientes donde hay escasez o carencia. No puedo dejar de pensar en esto. De qué careceremos, me pregunto.
El mundo que les estamos legando a los niños es uno donde la hostilidad va a ser  la moneda con la cual ellos deberán aprender a intercambiar sus relaciones. A nadie le gusta sentirse discriminado, a nadie le gusta sentirse ignorado y sin embargo ignoramos y discriminamos permanentemente. Una convivencia pacífica va a seguir siendo una utopía siempre que no percibamos a los otros, amén de las diferencias que tengamos,  como miembros de la misma especie o de la misma familia. En otras palabras tan personas como lo somos nosotros.