20 de julio de 2011

EL MUNDO PARALELO

Es increíble cómo en algún momento de la vida, sin pedir permisos de ninguna índole, el mundo de los afectos, que siempre ha existido y ha estado allí, nos devela su carácter imprescindible.


Vivo en el auto exilio  desde hace ya muchos años. En estas tantas lunas transcurridas lejos de la tribu familiar a la que pertenezco,  he intentado replicar esos espacios vitales en  algunos amigos de la adolescencia y en otras amistades de igual valía que he ido encontrando en el camino.


Y como he ganado, también he tenido bajas. Algunas indudablemente más dolorosas que otras . En esas situaciones el piso y colchón necesario que nos proporciona el sabernos queridos por las personas que queremos, tiembla más no se rompe.
Y eso es lo maravilloso. Este mundo paralelo no sucumbe, ni por las distancias físicas, ni por las auto impuestas, ni siquiera por la muerte.

Tuve una epifanía al respecto: el afecto es una riqueza de mayor valía que cualquier otra. 
Es mi caso quiero a mis amigos, a los pocos que realmente lo son para siempre; con su presencia y compañía, pero también con sus silencios y ausencias.


Este viaje largo y corto a la vez que es la vida, con sus asperezas naturales, me impide agregar amarguras a una de las más dulces recompensas del diario vivir.