19 de agosto de 2011

lo imprescindible


mis hijos
clu
mi madre, así sea por una línea voip
el café con leche en las mañanas
mis sobrinos y mi hermana

saberme amada
sentirme amada

el agua
las frutas
mi pa
un vino, o un pisco, o un whisky, o un champagne ( o varios) algunas noches
mis amigos, los que son
la bella ropa y los bellos zapatos
el mar
el sol en mi piel
el aire fresco cuando camino
tú (otra vez)
tu sonrisa
la buena música
reírme a carcajadas
leer cosas que me sorprendan o conmuevan
ver películas que hagan lo mismo
internet
discutir
manejar en la carretera y sin tráfico
ver fotos
ser quien soy y que no me importe mucho a quien le guste (salvo a ti, por supuesto)
viajar
mi familia colombiana
tú, otra vez, con todo lo que trajiste a mi vida



18 de agosto de 2011

Espacios Irreemplazables

Hay pérdidas de diversa índole. No voy a hablar de las más dolorosas, de las de la gente que se fue para siempre para no volver más. Ante tal magnitud de dolor no hay mucho que decir. No hoy al menos.
Pero las pérdidas  que se han suscitado de manera inexplicable con personas que siguen circulando en esta dimensión y a quienes un día las circunstancias alejaron, sin decir adiós y sin decir más, son las que hoy me interesan. Éstas, que responden a razones no esotéricas, y que seguramente tienen que ver con razones válidas desde alguna óptica que no nos es accesible a veces, son las que convocan hoy mi interés.

Estas pérdidas que no lo son en realidad, y lo digo así intencionalmente, son tal vez transitorias, pero nos enseñan que por más temporales que sean las mismas, somos aves de paso en la vida de todos. No siempre estamos ahí. No siempre podemos acompañar, ni siempre somos la compañía adecuada. Enfrentándonos así, con nuestras limitaciones a todo nivel. En esta línea pienso que hay pérdidas circunstanciales, emocionales, las generadas por divergencias de pensamiento;  que son distancias subjetivas pero reales que se interponen,  y por otro lado están las objetivas como la distancia física.
El cariño en mi caso permanece intacto. Y creo que con los amigos es una ventaja sustancial el poder querer a pesar de todo. A pesar de la distancia y de la ausencia.
Por mis circunstancias de vida, he experimentado silencios en mis amistades. Por el tiempo y la distancia en especial, y el mayor regalo que un reencuentro trae inequívocamente, es el de constatar que hay afectos impermeables a las goteras del tiempo, de los silencios y de la distancia.
Yo quiero a mis amigos, a los pocos que realmente lo son, para siempre; con su presencia y su compañía, pero también con sus silencios y ausencias. Disfruto enormemente de ellos cuando están, y tengo la dicha absoluta de saber que su lugar en mi vida es vital. Así a veces brillen por su ausencia.