Ser mamá no es un tarea fácil y eso no es nuevo para nadie. Ninguna verdad revelada.
Pero ser una mamá que tiene ganas de crecer profesionalmente, de tener una vida personal y a la vez ser una buena mamá es más difícil aun:
Hay que decidir, optar por qué es mejor, qué funciona en la lista de prioridades personales para uno y para sus hijos.
Un día de mi vida yo opté, y opté por mis hijos. Debo decir que en parte y gracias a que tuve la suerte de tener el apoyo invalorable de mi pareja, quien pensó también que para la familia era mejor que yo estuviera cerca a los niños y no en una oficina, así con esto nuestra economía se encogiera.
No soy graduada en psicología ni en educación. Soy Comunicadora de profesión, estudié un post grado y varias otras cosas más. He trabajado durante varios años. Pero esa preparación y experiencia en el mundo profesional, no me preparó ni me exime de cometer varios errores al día en el arduo camino de querer siempre lo mejor para mis hijos. Por eso quizás también, me angustio a veces mas de la cuenta y gasto mucho tiempo tratando de medir las amenazas e infructuosamente así evitar los sufrimientos que mis hijos deban enfrentar en este viaje que se llama vida.
En pocas palabras, soy una mamá.
Pero al serlo y en mi búsqueda de un espacio donde mis hijos se puedan desarrollar adecuadamente, encuentro que hay demasiada información. Información online y offline. Está lo que dicen los pediatras, lo que dicen los psicólogos, lo que dicen los profesores, lo que dicen los orgánicos, lo que dicen los vegetarianos, y en realidad es difícil encontrar un balance y una fuente creíble y que funcione a la medida de la vida de cada uno de mis dos hijos.
Hay demasiados argumentos circulando, donde hay quienes piensan y ojo no yo, que los médicos buscan beneficiar a los laboratorios antes que a sus pacientes, que los psicólogos evitan encontrar las causas de los problemas para poder cobrar mas tiempo en las terapias , que comer comida orgánica no implica una mejor salud, que la leche y la carne dañan más que nutrir, que ver televisión hace daño, que si no ven televisión serán unos drop outs, que si hacen mucho deporte serán vigoréxicos, que si no hacen deporte serán obesos y un larguísimo etc.
Por lo que la pregunta final es ¿A quien creerle?
Cómo criar, ayudar a crecer, bring up, a alguien y enseñarle a vivir o sobrevivir lo más feliz posible en este loco mundo.
Y en esa pregunta es que surge mi necesidad de estar cerca a mis hijos y de escribir este blog.
No tengo las respuestas a todo, a pocas cosas en realidad y cada día dudo mas de mis respuestas porque en esta carretera de sobre información, a cada minuto sale algo que revalúa todo lo dicho anteriormente sobre cualquier tema en particular.
Mi intuición, que no es una autoridad científica, me dice que en esa decisión que tomé un día de julio, el estar cerca a mis hijos; abrí una gran ventana que por lo menos me permite equivocarme junto a ellos, y ellos en mi error creo que han podido aprender más de mi y de la vida, que si otra persona fuera quien se equivocara frente a ellos o con ellos, o si simplemente cual invidentes de la vida fueran adentrándose en ella sin un lazarillo torpe como soy a veces, que los guiara y recibiera el golpe por ellos.
Creo que ese es mi statement.
Con esto no critico a quienes se quedaron en la oficina, y a quienes desde sus obligaciones de ser madres que trabajan cumplen incluso mejor que yo su labor.
Lo que busco es simplemente abrir un espacio para que quienes acá entren a leer lo que escribo, me ayuden a encontrar información y a discutir ideas de cómo hacer mejor el trabajo de ser padres en este mundo tan cambiante.
Con esto comparto un post que me parece que va de la mano con lo que acabo de decir, ayudar a los hijos a encontrar su felicidad y a apoyarlos sin restricciones cuando la encuentren.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.