16 de noviembre de 2010

De argollas y otros demonios.

Hoy mi hija, Julieta , de 5 años tuvo un incidente con cuatro amigas. Eran cinco en total. Comenzaron jugando y en un momento dado del juego, decidieron jugar a las parejas.
La víctima, la dejada de lado, no fue Julieta.
Le expliqué a Julieta y a las otras niñas que ese juego de dejar de lado, no se hace y que a ninguna le gustaría que le hicieran lo mismo.
Al rato del incidente, a Julieta le tocó el turno de ser excluída y esta vez no con un juego de parejas  Una de las niñas invitó a todas a su casa, pero le dijo explícitamente a Julieta que ella no. La que invitaba no era la misma  que se había quedado sola en el juego de parejas.
Yo me enfrenté a una situación emocionalmente comprometedora: Era la única adulta presente, era la responsable de las cinco niñas que además estaban en mi casa y era la mamá de la víctima. A pesar de estar indignada de verdad pues  menos de diez minutos atrás les había dicho a todas que eso no se hacía y a pesar que mi parte más pueril en ese momento sólo quería decirles lo inhumanas , crueles y hasta malas que estaban siendo y que estaban partiéndole el corazón a mi bebé, no lo hice.
Mantuve  mi adultez a flote y lo que hice fue abrazar a mi hija explicarle que sus amigas estaban equivocadas y en voz alta  hacerles saber  nuevamente a las demás niñas que eso no se hacía.
Protegí a Julieta, pero sin hacerla sentir víctima. Eso creo.
Fue una típica situación infantil. No hubo maldad sólo un juego de confabulación. Niñas probando sus límites , ver hasta donde se puede llegar con el otro.  En unas se adivinaba juego, en otras se adivinaban sentimientos de exaltación o demostración de poder de ellas sobre las demás.
En los niños me imagino que esto  responde al proceso inevitable de aprendizaje, de prueba y error.
Cualquiera que haya ido al colegio lo ha sentido, lo ha experimentado y lo sabe.
Lo triste es saber que  en la adultez somos testigos permanentemente  de exclusiones más dolorosas y flagrantes que esa, y me pregunto en qué parte del crecimiento se quedaron quienes las practican.

1 comentario:

  1. Wow Juani! que situación difícil!!! cómo pueden, sin saberlo, los niños a veces ser tan crueles! me has hecho acordar a una cosa que me pasó cuando estabamos, no sé si era 2 o 3 grado (creo que vos todavía no estabas en el colegio) y hubo un cumpleaños (ya ni me acuerdo de quien) y no me invitaron! me acuerdo llegar a mi casa y contarle a mi mami muy triste!
    No me acuerdo claramente que palabras usó mi mami, pero el sentimiento que quedó conmigo fue justo él que le comunicaste a Juli!

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