20 de enero de 2011

PATERNIDADES

Llevo días dándole vueltas al tema de la paternidad.
Durante los últimos meses me he encontrado con varias personas, que aparentemente lo tienen todo y que  adentrándonos en conversaciones de un orden mas profundo, de repente me han contado de su relación con su padre y cómo esto ha afectado sus vidas,  y su aparente envidiable vida, empieza a tomar un matiz muy distinto.
Pienso en Bayly, que antes con todas sus facetas polémicas , las cuestionables y las que sólo le importan a él y a quienes él frecuenta, defendía a sus hijas y a los hijos de padres que se portaban como indeseables.
 Mi hija Julieta ha sido enormemente pegada a mi desde que nació, pero su padre, mi esposo, es una figura más que gravitante en su vida. Y esto  va más allá del complejo de Electra.
Lo mismo aplica para Santiago, mi hijo.  Su papá es quien desorganiza la mesa, nos hace reír, juega con ellos sin respeto a los horarios  y es quien, siempre y con una inmensa ternura está dispuesto a ayudarlos y complacerlos en todo lo que esté a su alcance.
Paralelamente veo con emoción como muchos de mis grandes amigos ya son papás y con orgullo  y una conmovedora felcidad, publican las fotos de sus hijos, algunos ya adolescentes, otros infantes, otros bebés.
Mi papá ha sido un ser muy importante en mi vida. Al punto que me he cuestionado si a veces ha sido demasiado importante, pues sus acciones y omisiones muchas veces me han afectado más de lo que quisiera. Sin embargo es imposible que yo considerara ser quien soy,  sin su presencia y su influencia.
Con mi mamá es igual de intenso, distinto en otras cosas pero igual de intenso. Hoy sin embargo, he elegido hablar de los papás. Ojo Mamá, no vale picarse que ya te llegará tu turno.

En el discurso anterior a recibir el Nobel, Vargas Llosa dentro de todas las lúcidas ideas que compartió, le dio un espacio a la emotividad y no sólo mencionó a Patricia,  sino que nos recordó como los hijos y luego los nietos, son la prolongación de nuestra existencia.
Creo que ahí está la clave de todo. Porque somos con nuestros hijos como somos, han sido y, los más sanos, como nos gustaría que hubieran sido con nosotros mismos.
Señores padres de familia, creo que desestiman muchas veces su importancia, su rol, su influencia.
En este occidental y latinoamericano mundo, las mujeres tenemos una crianza y una cultura que conspira  desde niñas sobre el imprescindible rol de la madre. La maternidad se sublima en cada rincón de nuestra cultura, y si además hemos crecido en la religión católica, el asunto se torna más serio.
 Pero mientras tanto qué pasa con los niños. ¿Será que si ellos también jugaran con muñecos, si las Baby Alives se vendieran para niños, y los papás se las compraran, la historia sería diferente?
Me es difícil entender cómo padres de familia que han disfrutado tanto de su rol, los Baylys de la vida y sus ecuaces, ante un incidente de falda corta y piel más lozana, pueden llegar a perder la perspectiva de tal manera.
Yo mientras tanto celebro a mi papá.  De niña lo idealizaba y pensaba que no había ninguno mejor que él. Ahora que soy adulta,  sufro cuando peleamos, lo extraño a morir cuando no lo veo y me alegro como cuando tenía 4 años cuando estoy con él. Lo  maravilloso es que sigo pensando que es extraordinario en todo,  ya en la dimensión humana y real que es la que en mi edad vemos;  pero justamente por ello, mucho mejor.

14 de enero de 2011

DIAS FELICES

Empecé este año rodeada de lo mejor de la vida
Una reflexión importante, es que lo que es mejor no siempre es solo bueno. En estos días de encuentros y reencuentros, de cargar baterías en el afecto y en la familia, los conflictos existen, los desencuentros también se dan.
Es el devenir natural de las relaciones que crecen , donde nos confrontamos a veces para podernos reencontrar, para poder avanzar en el camino del afecto.
Mis hijos lo han tenido con sus primos, yo con mi hermana,  con mi mamá.
Vivir lejos de ellos no es fácil: Saber que los  días y las noches pasan y no compartimos las cosas simples, la conversación cotidiana, el almuerzo del domingo , ni la discusón del martes.
Los niños crecen, a nosotros nos salen más arrugas,  las circunstancias cambian.
El afecto mientras tanto crece y se fortalece.
Mis papás son divorciados pero a pesar de ello, en mi familia siempre hay amor. Podemos almorzar y cenar juntos. Insisto  que con conflictos  que  son apenas naturales, pero el amor es la constante.
Creo que con los años me he vuelto mas consciente de la importancia de la familia, de lo irreemplazable que se ha vuelto y que quizás siempre ha sido. He pasado años buscando llenar ese vacío que la distancia física nos deja, y  ahora tengo la certeza que esos vacíos  no se pueden llenar sino con afecto familiar.
La amistad que es un tesoro de igual valía,  nos satisface de otra manera. No son  monedas afectivas comparables. Amo a mis amigos enormemente.  
Estos días con mi familia, me dejan cargada de afecto del esencial, del que nos hace sentir que importamos en este mundo a otros, por encima de nuestras fallas, de nuestros yerros, de nuestras miserias. Esa importancia que adquirimos a la luz del afecto familiar, hace que los días y las noches simples y sin emoción, sean en definitiva mucho más llevaderas y por encima de todo, mucho más felices.