16 de febrero de 2011

Respetos guardan respetos


La homosexualidad existe, es una realidad humana y no tiene nada de malo. Su práctica es tan antigua como somos los humanos.No todos piensan así, no todos consideran que sea parte de la humanidad, no todos piensan que es parte de lo natural.

Yo soy straight, heterosexual.  Soy políticamente correcta.  Mantengo una relación monógama con mi esposo y tengo hijos, dos. Además pertenezco a una familia numerosa.
Hoy con todo lo que ha sucedido en la ciudad, en la Plaza de Armas, que así se llame Mayor para mi seguirá siendo de Armas, la extrema violencia que se respira me genera mucha ansiedad.
No toleramos a nadie distinto, nos sentimos amenazados por lo diferente. Los políticos no toleran a las encuestadoras que les recuerdan que su partido no va de primero, no se tolera que una pareja que se ama se bese. No importa su orientación sexual.Creo que así de frágiles nos sentimos , de impotentes frente a todo.

Es un tema polémico. Twitter y Facebook han estado plagados de posts al respecto.
Ahora un punto de vista, el mío,  es que es peor que los chicos crezcan en la intolerancia del distinto a que crezcan sabiendo que la sexualidad va más allá de dos géneros.
Es decir, los chicos crecen en un mundo donde el amor gay no es tabú y yo lo celebro.
No quisiera que ninguno de mis hijos tuviera que pasar por un trauma si es que descubrieran con el devenir de los años que su opción sexual y su gusto, es por alguien de su mismo sexo.
La discusión sobre lo que es correcto o no, va más allá de la opción sexual. Creo que la misma se debe centrar en el amor responsable, en el que estimula en principio una autoestima sólida donde no nos dejamos maltratar ni maltratamos a nadie y donde hay que cuidarse de la promiscuidad pues son el cuerpo y el alma los que se exponen. Esto seguido por el respeto que los que son distintos a nosotros nos merecen y siempre.
El otro día escuchaba como unas amigas hablaban sobre la educación de sus hijos. Creo que no hay fórmulas, que todos hacemos lo mejor que podemos, pero si no nos encargamos de respetar puntos de vista distintos, formas de hacer, pensar diferentes, no estamos haciéndolo todo lo bien que podríamos. Estamos legando odio y resentimiento, en vez de respeto y amplitud de mente en un mundo que cada día se globaliza más.
Y si , estoy de acuerdo que las  muestras de amor entre las parejas  delante de los menores deben ser medidas, pero esto aplica a todos los sexos. No me gusta que mis hijos vean a una pareja, no importa su orientación, tocándose en público; pero menos me gusta que vean a un grupo de policías golpeando a una pareja de personas por besarse.
Los padres enseñamos sin querer, o como me dijo sabiamente alguien, los niños aprenden sin que les enseñemos.
Me pregunto que sentiría el Sr. Butters si su hija fuera  gay y alguien la golpeara por ello.
De repente él sería el primero, o quizás y como es natural, se sentiría muy ofendido porque no la respetaron en sus opciones que al final, a nadie le hacen daño y a ella la hacen feliz.


20 de enero de 2011

PATERNIDADES

Llevo días dándole vueltas al tema de la paternidad.
Durante los últimos meses me he encontrado con varias personas, que aparentemente lo tienen todo y que  adentrándonos en conversaciones de un orden mas profundo, de repente me han contado de su relación con su padre y cómo esto ha afectado sus vidas,  y su aparente envidiable vida, empieza a tomar un matiz muy distinto.
Pienso en Bayly, que antes con todas sus facetas polémicas , las cuestionables y las que sólo le importan a él y a quienes él frecuenta, defendía a sus hijas y a los hijos de padres que se portaban como indeseables.
 Mi hija Julieta ha sido enormemente pegada a mi desde que nació, pero su padre, mi esposo, es una figura más que gravitante en su vida. Y esto  va más allá del complejo de Electra.
Lo mismo aplica para Santiago, mi hijo.  Su papá es quien desorganiza la mesa, nos hace reír, juega con ellos sin respeto a los horarios  y es quien, siempre y con una inmensa ternura está dispuesto a ayudarlos y complacerlos en todo lo que esté a su alcance.
Paralelamente veo con emoción como muchos de mis grandes amigos ya son papás y con orgullo  y una conmovedora felcidad, publican las fotos de sus hijos, algunos ya adolescentes, otros infantes, otros bebés.
Mi papá ha sido un ser muy importante en mi vida. Al punto que me he cuestionado si a veces ha sido demasiado importante, pues sus acciones y omisiones muchas veces me han afectado más de lo que quisiera. Sin embargo es imposible que yo considerara ser quien soy,  sin su presencia y su influencia.
Con mi mamá es igual de intenso, distinto en otras cosas pero igual de intenso. Hoy sin embargo, he elegido hablar de los papás. Ojo Mamá, no vale picarse que ya te llegará tu turno.

En el discurso anterior a recibir el Nobel, Vargas Llosa dentro de todas las lúcidas ideas que compartió, le dio un espacio a la emotividad y no sólo mencionó a Patricia,  sino que nos recordó como los hijos y luego los nietos, son la prolongación de nuestra existencia.
Creo que ahí está la clave de todo. Porque somos con nuestros hijos como somos, han sido y, los más sanos, como nos gustaría que hubieran sido con nosotros mismos.
Señores padres de familia, creo que desestiman muchas veces su importancia, su rol, su influencia.
En este occidental y latinoamericano mundo, las mujeres tenemos una crianza y una cultura que conspira  desde niñas sobre el imprescindible rol de la madre. La maternidad se sublima en cada rincón de nuestra cultura, y si además hemos crecido en la religión católica, el asunto se torna más serio.
 Pero mientras tanto qué pasa con los niños. ¿Será que si ellos también jugaran con muñecos, si las Baby Alives se vendieran para niños, y los papás se las compraran, la historia sería diferente?
Me es difícil entender cómo padres de familia que han disfrutado tanto de su rol, los Baylys de la vida y sus ecuaces, ante un incidente de falda corta y piel más lozana, pueden llegar a perder la perspectiva de tal manera.
Yo mientras tanto celebro a mi papá.  De niña lo idealizaba y pensaba que no había ninguno mejor que él. Ahora que soy adulta,  sufro cuando peleamos, lo extraño a morir cuando no lo veo y me alegro como cuando tenía 4 años cuando estoy con él. Lo  maravilloso es que sigo pensando que es extraordinario en todo,  ya en la dimensión humana y real que es la que en mi edad vemos;  pero justamente por ello, mucho mejor.

14 de enero de 2011

DIAS FELICES

Empecé este año rodeada de lo mejor de la vida
Una reflexión importante, es que lo que es mejor no siempre es solo bueno. En estos días de encuentros y reencuentros, de cargar baterías en el afecto y en la familia, los conflictos existen, los desencuentros también se dan.
Es el devenir natural de las relaciones que crecen , donde nos confrontamos a veces para podernos reencontrar, para poder avanzar en el camino del afecto.
Mis hijos lo han tenido con sus primos, yo con mi hermana,  con mi mamá.
Vivir lejos de ellos no es fácil: Saber que los  días y las noches pasan y no compartimos las cosas simples, la conversación cotidiana, el almuerzo del domingo , ni la discusón del martes.
Los niños crecen, a nosotros nos salen más arrugas,  las circunstancias cambian.
El afecto mientras tanto crece y se fortalece.
Mis papás son divorciados pero a pesar de ello, en mi familia siempre hay amor. Podemos almorzar y cenar juntos. Insisto  que con conflictos  que  son apenas naturales, pero el amor es la constante.
Creo que con los años me he vuelto mas consciente de la importancia de la familia, de lo irreemplazable que se ha vuelto y que quizás siempre ha sido. He pasado años buscando llenar ese vacío que la distancia física nos deja, y  ahora tengo la certeza que esos vacíos  no se pueden llenar sino con afecto familiar.
La amistad que es un tesoro de igual valía,  nos satisface de otra manera. No son  monedas afectivas comparables. Amo a mis amigos enormemente.  
Estos días con mi familia, me dejan cargada de afecto del esencial, del que nos hace sentir que importamos en este mundo a otros, por encima de nuestras fallas, de nuestros yerros, de nuestras miserias. Esa importancia que adquirimos a la luz del afecto familiar, hace que los días y las noches simples y sin emoción, sean en definitiva mucho más llevaderas y por encima de todo, mucho más felices.

14 de diciembre de 2010

El fin de este año.


En estos diez días de ausencia de mi blog, de turbulencia navideña y de Nobel a bordo, he tenido un huracán de emociones y pensamientos dándome vueltas y levantándome en peso del piso y en ese mismo segundo trayéndome de vuelta en un aterrizaje forzoso hasta el sótano de la tierra.
Muchos acontecimientos. Un año más que se acaba, y que a pesar de lo aleccionador que ha sido en tantos aspectos, ya quiero que se vaya.  Muchas ideas que me han dado vueltas alrededor y desde adentro, y esta necesidad de escribir , sin lograrlo a veces, sin forzarlo pero sin parar de buscar como plasmar toda esa marea-tsunami-huracán que llevo dentro y que ahora se pone peor por lo que significan para mi estas fechas.
Este es el cuarto intento.
Creo que lo haré por partes, por micro-capítulos.

Introducción:
Me doy cuenta que a pesar de querer innovar los temas, mis temas, los que me interesan sólo son los que me interesan y no puedo escapar de ellos salvo escribiendo y  esperando  que  con la escritura los pueda re-inventar.

Anécdota de la semana:
Viernes, diciembre, fiesta infantil. La navidad es de los niños.
Mamás rodeando a un grupo grande de niños y niñas de cinco años, sentados alrededor de Papá Noel. Una niña se acerca a su mamá para pedirle permiso de invitar a una amiguita a su casa. Todo va bien hasta ese momento.
Una de las mamás presentes,  delante de las dos niñas, la que invita y la que va a ser invitada, decide hacer el siguiente comentario sobre la  niña que va a ser invitada :
"Ay, esta niña parece... mejor no lo digo porque creo que soy muy mierda, mejor me callo".
El tono del comentario: hostil, ignorante y agresivo hacia una niña de cinco años.
La necesidad de hacer ese comentario: Quizás parta de la ausencia de seguridad sobre el propio status social de la mamá que emite el comentario o de la ignorancia supina. En cualquiera de los dos casos el punto  es que  dicha persona necesita recalcar su superioridad, que en términos reales significa su antónimo,  incluso sobre una niña de cinco años. Pobre. No se da cuenta  que con ello sólo pone en evidencia su absoluta ausencia de respeto por el otro y su carencia de humanidad.
 La explicación: El boom económico ha sido tan fuerte que le impidió escuchar el slogan que dice que hay cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás está la seda y recuerdo que hay quienes así se vistan de seda...

Los Temas a tratar:

1. Navidad, familia, pavo, cenas navideñas, un año nuevo que llega y otro viejo y agotador que se va.
Tema difícil. Aun no lo termino de digerir. Muchas expectativas, miedos, incertidumbres. Tendré que seguir elaborándolas y volveré sobre ellas si es que la energía  me lo permite como para poder escribir sobre  esto.
2.  Dicen que el verano ya está acá y los días están cada día más grises. En Colombia la lluvia  cae enorme y sin cesar.  Dios había dicho que sólo habría un diluvio. Hay mucha gente que perdió todo, hasta el lugar geográfico donde vivían y ahora viven mojados y en las calles de otro pueblo, o de otras ciudades que no son las de ellos.  Esto nunca está bien, pero en Navidad, me hace pensar que es peor.
3.  No soy ni de aquí ni de allá. Soy de los dos sitios pero no termino de ser completamente de ninguno. De repente ya llegó el momento de nacionalizarme.
4. Mis hijos están creciendo. (Este descubrimiento es de mayor importancia que el de la Nasa y las bacterias  que pueden vivir en el arsénico)
Un primer atisbo de acné afloró en la cara de mi pequeño . Hoy me di cuenta.
Di el consabido discurso sobre el chocolate y las grasas. El papá, es decir mi esposo, ya sabe que la conversación sobre las abejas y las flores, está empezando a necesitar una continuación que involucre de forma más explícita a las hormonas y a sus efectos.
5. Mi trabajo. ¿Donde estás? ¿Donde estoy? ¿Ya estás acá?
6. Cumplo años en marzo.

Tal vez como bien me dijo mi amigo Coco Arias cuando me comentó sobre mi blog,  estoy evidenciando un middle age crisis. Que venga de una vez para que se vaya bien rápido o que no se vaya y me vuelva amiga de ella.
Ya lo dije, esperados 40.

3 de diciembre de 2010

LOS OTROS





El fin de semana tuve  la suerte de asistir a dos talleres sobre resolución de conflictos organizados por TAE (www.taeperu.org).
Todos los que participamos del taller,  y tras un día y medio intenso, llegamos a la conclusión que nuestra moneda cultural  (cultural currency)   es la incapacidad o carencia de interés que tenemos de pensar en los demás. Fue muy interesante ver que a pesar que todos los que participamos venimos de campos diferentes y backgrounds disimiles, todos sin excepción tuvimos la coincidencia de pensamiento frente a que el principal problema que enfrentamos es la exclusión del otro dentro de nuestros proyectos de vida, de  nuestro discurrir por la ciudad, de nuestra toma de decisiones y de los  intercambios de toda índole que  realizamos a diario.Se habló de racismo, clasismo, discriminación  de género, y de cómo esto nos impide avanzar como sociedad. Esto lo vemos a diario, en las noticias, en nuestra forma de vivir,  en las calles cuando la gente maneja, cuando en las conversaciones nos referimos a tal o cual persona de manera despectiva por su apariencia u origen, por su exceso o defecto de activos, pero nunca lo hablamos.
Socialmente hemos avalado inconcientemente  o concientemente, la creencia de que sólo nosotros y quienes nosotros arbitrariamente, y fundamentados bajo casi que esotéricos principios consideramos nuestros pares, somos los que tenemos derechos y privilegios;  y por ende todos los demás casi que clasifican bajo el parámetro de ciudadanos de segunda, tercera y hasta cuarta categoría.
En el terremoto del 2007 recuerdo claramente como lúcidamente alguien resaltaba que las muestras de solidaridad que se veían por todas partes en Lima,  eran porque precisamente en  Lima lo habíamos sentido. Igual que Tarata en los noventas.
Ningún ámbito parece mantenerse al margen. Recuerdo con nostalgia el año en el que llegué a vivir a Lima. En las noticias y en la calle la gente no se cansaba  de hablar con horror  del Loco Perochena y su banda de indecentes asaltantes de casas. Ellos robaban sin agredir. Luego vinieron los años del horror de los que aun parece que no hemos logrado librarnos.
En uno de los talleres, Giselle Huamani Orbe,  nos explicaba que los conflictos se generan desde la escasez o desde la carencia y que un conflicto no cesa, no concluye sino hasta que no se da dentro de su propio proceso una real reconciliación.  Sin esto, puede existir  una etapa de des - escalamiento del mismo, pero sin reconciliación, el conflicto estará latente con el riesgo que resurja siempre.
Pienso inmediatamente como la semana pasada el "honorable" padre del Zorro,  censuró un video que iba acompañando a la chalina de la esperanza del Colectivo Desvela,  quizás porque a él le tocaba fibras muy profundas o porque justamente existe una escasez de capacidad de validar la existencia de realidades por encima de las que él quiere que existan. Lo bueno es que no todo es tan malo, a pesar de la censura  la gente compartió el video en Facebook.
Todavía hay muchos que siguen negando a los otros,  excluyendo, discriminando, violentando sin querer y queriendo; a pesar de ellos,  también  felizmente existen personas  quienes se preocupan por hacer chalinas  en memoria de quienes fueron víctimas de la violencia,  V Days , Gay parades,   y otros que dictan talleres y quienes como yo asistimos.
Lo increíble es que esto haya que hacerlo, que nos tengamos que detener a crear eventos y que esto no se dé de manera natural.
El conflicto se da en ambientes donde hay escasez o carencia. No puedo dejar de pensar en esto. De qué careceremos, me pregunto.
El mundo que les estamos legando a los niños es uno donde la hostilidad va a ser  la moneda con la cual ellos deberán aprender a intercambiar sus relaciones. A nadie le gusta sentirse discriminado, a nadie le gusta sentirse ignorado y sin embargo ignoramos y discriminamos permanentemente. Una convivencia pacífica va a seguir siendo una utopía siempre que no percibamos a los otros, amén de las diferencias que tengamos,  como miembros de la misma especie o de la misma familia. En otras palabras tan personas como lo somos nosotros.

24 de noviembre de 2010

SOBRE VIVIR

Desde hace días  que quiero sentarme a escribir pero no lo lograba. Había algo que me lo impedía. Me he dado cuenta que es un poco de pánico escénico,  y una mezcla entre pensar que de repente no voy a poder decir nada valioso o simple angustia por saber que no sólo estoy escribiendo para mi.

Ayer veía en la noche a mi hijo entrar en pánico por un examen, no porque no hubiera estudiado sino por el miedo a no hacerlo bien. Hace varios días, sucedía lo mismo con  el día del deporte y el consabido  pánico a si le iba a ir bien o a ir mal. A las dos situaciones le respondí lo mismo, ten confianza en ti y en lo que sabes y da lo mejor que puedes. No sólo se trata de ganar sino de divertirse. Espero de corazón que esos dos consejos le sirvan a él y que mis palabras le den la seguridad que necesita.

Creo que no soy la única por ahí,  que todos los días me enfrento a estos pequeños retos que significan vivir.  Da miedo no ser lo suficientemente bueno en algo, da miedo enfrentarnos al hecho que queramos hacer algo y de repente nos demos con la cruda verdad en la cara de saber que no fuimos lo suficientemente hábiles ni talentosos para desempeñarnos a la altura de nuestras propias expectativas.

En el colegio nunca fui  una gran deportista y varias de mis amigas son testigos de excepción al respecto. Igual, en las competencias interhouses de natación del colegio,  yo era el comodín para las carreras de estilo mariposa,  no por mi habilidad sino sólo para que no nos ganaran por walkover y así evitar que descalificaran al house. Esto a pesar de la vergüenza que me implicaba llegar invariablemente de última en la competencia.
Creo que a la Miss Sarita mi vergüenza y mi pánico poco le interesaban, con tal de darle al house una oportunidad de llevarse la copa.

Pero en otro caso, ¿cómo manejar esta misma situación cuando no nos da miedo, y de repente nos encontramos con la cruda realidad de nuestras propias limitaciones?
¿Qué  hubiera pasado si yo hubiera amado nadar mariposa por encima de todo,  a pesar de no saberlo hacer y de no tener mucha habilidad para hacerlo? ¿Podría contarlo acá con tanta tranquilidad?
El otro día escuchaba una historia de alguien cuyo hijo quería jugar rugby con todo su corazón.
El papá al ponerse a practicar con él se dio cuenta que el niño carecía completamente de habilidad para este deporte. ¿Qué hacer en ese caso? ¿ Lo desmotivamos a jugar, o en el caso contrario lo apoyamos a pesar de exponerlo al fracaso y a la burla de todos sus amigos?
Al escuchar la historia, quienes estábamos presentes llegamos a la conclusión que es una situación muy difícil y creo que ninguno supo dar ni darse una respuesta tranquilizadora si un caso similar surgiera con uno de nuestros hijos.

Coincidentemente ayer me topé con un maravilloso artículo donde encontré una respuesta  exactamente a eso.  El autor, Tony Schwartz,  plantea que cualquiera, y con esto quiere decir TODOS, podemos ser excelentes en cualquier campo sólo empujándonos permanentemente por encima de nuestra zona de confort, para que podamos llegar a alcanzar los resultados que esperamos.*
Por supuesto el artículo me encantó y me dio pie a apoyar mi modesta opinión : si uno de nuestros hijos no es lo suficientemente bueno en algo pero lo desea hacer con todo su corazón,  hay que evitar caer en la trampa de transmitirle nuestro propio pánico escénico o nuestras ansiedades y miedos de infancia, adolescencia y adultez. Es mejor ayudarlo a que descubra que para hacer  bien lo que realmente le gusta, la única manera es con mucho esfuerzo.

Hoy me doy cuenta que llevo  aplazando sin pensarlo eventos simples como ir a la comisaría a poner una denuncia, únicamente porque me produce una ansiedad horrible.  Este hecho no requiere talento, solo que al generarme ansiedad prefiero no enfrentarlo. Mi excesivo auto-exigente ego, no resiste la ansiedad y prefiere esconderse a enfrentar. Reminiscencias del olor a cloro.
Así es que hoy decidí seguir a mi instinto y no a mi ego, y escribir a sabiendas que algunos de ustedes me van a leer y quien sabe si de repente termino de escribir y me voy corriendo a la comisaría.

* HARVARD BUSINESS REVIEW:
http://blogs.hbr.org/schwartz/2010/08/six-keys-to-being-excellent-at.html

18 de noviembre de 2010

Lo inexplicable.

Un chico que después de escucharme hablar inglés, me dice que no tengo pinta de hablar inglés.
Una persona , que después de mantener una deuda de un año conmigo y mis demás vecinos de edificio, y tras cobrarle, me la vuelvo a encontrar y escasamente me saluda.
Varias mamás que constantemente dejan a sus hijos en manos de mamás sustitutas y pagadas, no para trabajar, sino para irse de viaje, a la peluquería, a comer , a bailar y pretenden que sus hijos sean excelentes alumnos, y no tengan rollos además.
La gente que no hace sino quejarse todo el día de dinero , pero que tiene una fortuna guardada en una cuenta.
Las personas que me llaman amiga y a mis espaldas hablan pestes de mi.
Quienes en las redes sociales me llaman amiga y al encontrarse conmigo en la calle, casi ni me saludan, y esto lo juro , me ha pasado varias veces con personas distintas.
Querer ser más flaca y no hacer dieta ni ejercicio (mea culpa).
Tanta pobreza y que la economía esté tan bien.
Escuchar una conversación donde un señor le explica al otro que su pelo es negro, pero  que sus hermanas todas son rubias y de ojos claros.
Las que se tiñen el pelo de rubio para que no las confundan  con ellas mismas.
Tratar de explicarles a mis hijos todo lo anterior y paralelamente explicarles la importancia de ser consecuentes y justos en la vida.

16 de noviembre de 2010

De argollas y otros demonios.

Hoy mi hija, Julieta , de 5 años tuvo un incidente con cuatro amigas. Eran cinco en total. Comenzaron jugando y en un momento dado del juego, decidieron jugar a las parejas.
La víctima, la dejada de lado, no fue Julieta.
Le expliqué a Julieta y a las otras niñas que ese juego de dejar de lado, no se hace y que a ninguna le gustaría que le hicieran lo mismo.
Al rato del incidente, a Julieta le tocó el turno de ser excluída y esta vez no con un juego de parejas  Una de las niñas invitó a todas a su casa, pero le dijo explícitamente a Julieta que ella no. La que invitaba no era la misma  que se había quedado sola en el juego de parejas.
Yo me enfrenté a una situación emocionalmente comprometedora: Era la única adulta presente, era la responsable de las cinco niñas que además estaban en mi casa y era la mamá de la víctima. A pesar de estar indignada de verdad pues  menos de diez minutos atrás les había dicho a todas que eso no se hacía y a pesar que mi parte más pueril en ese momento sólo quería decirles lo inhumanas , crueles y hasta malas que estaban siendo y que estaban partiéndole el corazón a mi bebé, no lo hice.
Mantuve  mi adultez a flote y lo que hice fue abrazar a mi hija explicarle que sus amigas estaban equivocadas y en voz alta  hacerles saber  nuevamente a las demás niñas que eso no se hacía.
Protegí a Julieta, pero sin hacerla sentir víctima. Eso creo.
Fue una típica situación infantil. No hubo maldad sólo un juego de confabulación. Niñas probando sus límites , ver hasta donde se puede llegar con el otro.  En unas se adivinaba juego, en otras se adivinaban sentimientos de exaltación o demostración de poder de ellas sobre las demás.
En los niños me imagino que esto  responde al proceso inevitable de aprendizaje, de prueba y error.
Cualquiera que haya ido al colegio lo ha sentido, lo ha experimentado y lo sabe.
Lo triste es saber que  en la adultez somos testigos permanentemente  de exclusiones más dolorosas y flagrantes que esa, y me pregunto en qué parte del crecimiento se quedaron quienes las practican.

14 de noviembre de 2010

SEGUIR CRECIENDO.

Es un día especial y triste.
No voy a dar mayores detalles, pero alguien a quien quiero mucho tiene una tristeza en su corazón que comparto de manera absoluta. No hay nada que yo pueda hacer para quitarle su tristeza, nada. Lo único que puedo hacer es estar. Punto final.
Amar también  es respetar la necesidad de los otros a querer estar solos. A que les duela sin que otros salvo los que ellos quieran, los vean.
Este proceso, que a mi me duele infinitamente también, me ha permitido crecer en mi capacidad de amar.
Saber respetar los espacios, no presionar y simplemente a mi manera, hacerle saber a mis seres amados que acá estoy y cerca y voy a estar siempre.
Poner por encima su dolor y su necesidad, sobre mi necesidad de acompañar.
No es fácil, y el camino de aprendizaje me ha costado y me ha cuestionado muchas cosas, pero creo que al final mi balance me da más que positivo.
Me ha demostrado que la amistad, cuando es sincera,  es una forma de amor tan intensa como cualquier otra de sus formas,  y que además de hacernos muy felices, nos permite crecer, conocer nuestros límites y nos da la oportunidad de superar nuestras miserias en pro del otro.
Somos mejores versiones de nosotros mismos cuando nos lo permitimos. Y eso es un premio que sólo el amor real nos permite.
Pienso en tantos seres que no son capaces de sacrificar nada en pro del otro y pienso que quizás por eso fundamentan su felicidad en cosas, en números y en cómo se sienten al mirarse en un espejo.
Mi felicidad, y lo ratifico cada día más, viene de saber que en este camino  que vengo andando desde que soy persona, he sembrado éxitos más importantes, que tienen sentimientos y a quienes no me cansaré nunca de entregarles lo mejor de mi.
Así ese mejor sea mi ausencia, porque ellos así lo necesitan.

11 de noviembre de 2010

Duele y hacemos doler.

Ayer tuve una charla que era importante. Era la primera vez que tenía que enfrentarme a un grupo para hablarles  en inglés. No era un grupo fácil, era un desafío muy importante para mi. Un grupo de 30 chicos de 15 y 14 años,  de los que varios ya se han inciado en el consumo de alcohol y cuyos papás  seguramente no consideran ni conocen los riesgos que esto significa según los últimos estudios de la Dra. Tapper ni de The Lancet.
Llegué nerviosa y al principio mis nervios sabotearon mi normalmente fluído inglés. No encontraba las palabras adecuadas, y a pesar de ser muy meticulosa y haber leído del tema y estudiado la presentación, me costó mucho trabajo poder capturar su atención. Al final, pude revertir la situación, controlé mis nervios y me subí al caballo de por qué me gusta mi trabajo con los chicos tanto. Creo firmemente  que dándoles la información por lo menos ellos tomarán decisiones más concientes que las que nosotros tomamos y finalmente tal vez con esto salvaremos una vida al menos o quizás los ayudemos a ser más felices.

Lo que me pasó ayer sin embargo y tras haber leído varios posts de Peter Bregman en el Harvard Business review, (http://blogs.hbr.org/bregman), me hizo darme cuenta que existen temas familiares que nos afectan más allá de lo que queremos y que realmente llegan a impactar  en aspectos de nuestra vida que no imaginamos, y lo que es peor,  que no deseamos.

El día anterior a mi charla tuve un episodio con mi papá. Tengo con él una relación que  se fundamenta en un inmenso amor mutuo, pero que dadas muchas circunstancias que no voy a comentar nuestra relación no es muy cercana.
Nos amamos pero no somos los mejores amigos, o tal vez no somos todo lo amigos que yo quisiera.

El punto es que la charla de ayer era un desafío para mi, necesitaba estar serena, llegar llena de seguridad y confianza y este impase, me quitó el piso. No voy a culpar a mi papá. El no sabía. Pero el hecho es que una situación tensa en la que inconcientemente los cimientos emocionales se exponen, repercute. Su onda expansiva llega a aspectos de la vida que no deseamos.
Yo soy adulta, tengo 39 años. Mis hijos, como ya comenté tienen 10 y 5.
Cuantas veces como papás nos encargamos de generar una situación o manejar mal una situación que atenta en la seguridad de nuestros hijos que no tienen esa capacidad aun , de poder reflexionar y subirse a un caballo que los lleve lejos de los malestares que les causamos.
Cuantas veces ha habido que por apuro y estrés, los niños reciben respuestas inadecuadas por parte de sus papás.
No lo hacemos con mala intención. Mi papá no me quiere dañar y yo nunca quiero dañar a mis hijos.
Pero ha habido veces que contesto usando palabras que no son amables, que quizás podría pensar mejor para que mis hijos se sientan cobijados con la seguridad de mi afecto y no cuestionados por él.
Esto trasciende a los hijos y llega a todas nuestras relaciones.
Y tan en boga ahora, me pegunto si  a la larga todos no hacemos un poco de bullying.