He guardado silencio por más de un mes. Ante el exceso de turbulencias en el panorama político y nacional, adornadas por uno que otro asunto personal, decidí que lo mejor era no decir nada.
La suerte ya está echada, los resultados ya se dieron y estamos frente a un presente que puede que no nos guste a muchos, pero que es tan inevitable como que hoy estamos un poco más viejos que ayer.
El pesimismo ha invadido a muchas personas. Me imagino que en paralelo el optimismo y la felicidad deben estar reinando en la mente y los corazones de quienes votaron por el electo presidente.
Ahora la inquietud y la incertidumbre son lo que siguen.
Estamos frente a un futuro gobernante que no ha trabajado sino como Comandante del Ejército y como agregado militar en Francia y Seúl . Su partido se diluyó en el actual congreso y el único representante que sigue militando es Daniel Abugattás, quien siendo justos se ha moderado mucho respecto al discurso de 2006.
A pesar de ello el señor Humala hoy sólo despierta sentimientos etéreos : esperanza o desconfianza.
El país está polarizado más que nunca y las incertidumbres que esto genera preocupan.
Las posibilidades nefastas que algunos auguran, me han enfrentado con la idea de tener que migrar, pero hoy mientras me duchaba decidí que no me quiero ir a ninguna parte. Amo Lima, amo el Perú y a ciencia cierta ya me siento foránea hasta en mi país de origen. Decidí regresar a vivir acá hace ya casi 15 años. He pasado momentos maravillosos, llenos de cosas buenas y los he pasado con tristezas y situaciones duras también. Antes de irme a estudiar en Bogotá, sufrí a Alan en su primer gobierno, sentí el terror de Sendero y a pesar de ello regresé. Supongo, y con el riesgo de sonar cursi, que tengo una relación amorosa muy profunda con el Perú y no me resigno a que una coyuntura política me aleje de mi vida acá. Además creo que si el Sr. Humala hace lo que ha dicho que va a hacer, y no se deja embelesar por el poder, este puede convertirse en definitiva en un mejor país para vivir.
Mi esposo tiene dudas , mi padre también y mucha gente que me rodea me imagino que se sentirá igual. Es el sector empresarial que se siente amenazado por la posibilidad de que Ollanta aplique políticas al estilo Chavista tan bien plasmadas en su plan de gobierno original y ponga en riesgo la curva de crecimiento por la que viene atravesando el país desde hace dos lustros.
Yo hoy le quiero creer. No tengo alternativas y creo que todos los que vivimos en el país estamos en la misma situación. O le damos una oportunidad para que demuestre que nuestros temores estaban infundados, o le quitamos toda posibilidad desde antes de comenzar a caminar. Eso si, le pido que no deje hablar mucho al Sr. Chehade, pues en dos días ha demostrado que ya hay algunos a los que el poder ha comenzado a marear.
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